Shoganai
Pero el proyecto moderno se muerde la cola y le sabe a contradicción: su reverso es un vientre tatuado con los souvenirs de todas las naciones, etiquetas de puertos y hoteles, de shows y cabarets. La obra evangelizadora de futuro, unidad y racionalismo se valió de ingerir toda la diversidad del mundo en cómodas postales. ¡Pequeño burgueses del mundo, uníos! Podéis fascinaros desde vuestras reclinomáticas con los ojos rasgados que se fascinan, a su vez, con el pelo engominado del hijo de la vecina que mueve indecentemente las caderas al cantar sus vicios. Un mundo Reader’s Digest, de museos que saquean lugares santos, de campañas punitivas en pro del libre mercado, de documentalistas hipócritas que moralizan a discreción.
Acá lejos, al borde, zona misionera por excelencia, han llegado las oleadas de redención, una tras otra: abonado el terreno por la contrarreforma, cada técnica de control del albedrío encuentra su variante criolla y floreciente. (Dominio, emancipación, siempre es la economía, estúpido). Sobre un modelo feudal de tenencia de la tierra y su defensa mediante el uso privatizado de la fuerza bruta, se han superpuesto sucesivas reformas económicas. De la tierra a la máquina, de la máquina al procedimiento financiero, del procedimiento financiero a la reelección y contrarreforma agraria. Caudillismo, auxilios y vallenato.
Hace treinta años germinaron los primeros diseñadores industriales en ésta tierra inhóspita. La lógica de virreyes y encomenderos solo privilegia dos escenarios: el engorde producto de concesiones a dedo, o el saqueo revolucionario en su variante mafiosa. Eso, y el yugo bananizante de la doctrina Monroe y las metodologías J. Edgar Hoover, deformaron la industrialización en una raquítica variante de las haciendas, teta por otra parte seca para un sindicalismo perezoso.
Y los diseñadores industriales medraron por vocación: siempre ha habido astronautas, siglos antes de los cohetes. Uno es diseñador por que quiere, por que le duele, y es a la vez cacharrero, cositero y artista sin pretensiones. No hay demanda, no hay mercado laboral. Y ya no lo habrá. No como se concibió en épocas heroicas de “sustitución de importaciones” e “inserción del diseño en la industria”. ¿Cuál Industria? Esa revolución pasó tocándonos de ladito, dejando tras de si multinacionales hipertróficas como hidras, naciones convertidas en sindicatos que se automutilan la seguridad social, y pozos de inmundicia que antes eran campos y ríos. Somos una despensa de recursos naturales menguados por una administración cortoplacista y complaciente, y una maquiladora que a duras penas sobrevive malvendiendo el talento de artesanos integrados como creadores de tercera, justamente sin el derecho a crear.
Si queda alguna esperanza, es que nunca hay esperanza.

David de los Reyes. Bogotá, Colombia. Diseñador Industrial en acto rabioso de apostasía del apellido. Se embadurnó de mercadeo, se negó a aprender modelado 3d, le asquean los tornillos, y considera que la ergonomía es el refugio de los mediocres, (a pesar de sus méritos como disciplina no proyectual). Estudia una maestría en gestión del desarrollo como coartada para indagar que diablos hace el diseño en un país que elije su historia soñando y la lleva a la práctica a tiros. Se interesa por la innovación desfetichizadamente, la estética descosmetizadamente, el desarrollo sin tener que pensar en subdesarrollo, la investigación cualitativa del comportamiento de las personas mediado por la cultura material, los procesos de creación y los cortocircuitos. Picapleitos intelectual, cobarde en los supermercados, las colas y la danza, kamikaze con sus pares. Maleduca a quien se deje, y malcría una generación que no tiene remedio, por fortuna.
los sapos tambien hacen proyecto de grado dijo
El derecho a crear lo tenemos. Pero lo rechazamos con gusto, cuando nuestras creaciones son hijas bastardas de las tendencias mundiales... ¿Cuánto tiempo más la academia premiará las malas copias del diseño italiano? ¿Cuánto tiempo más se va a promover un país de Diseñadores-Artesanos? ¿será la industrialización de la artesanía - souvenir nuestro camino de diseño? A mi todavía me queda la esperanza de que la respuesta a estas preguntas sea un rotundo y estereotipado: “NUNCA MÁS”.
15 Diciembre 2005 | 04:32 PM